Tras conocerse que el presidente electo Abelardo De la Espriella inició reuniones con su círculo más cercano para definir el gabinete y la hoja de ruta del empalme presidencial, desde Nariño surgió una propuesta concreta: que ese proceso no se limite a informes técnicos en Bogotá, sino que también llegue a los territorios.
El planteamiento fue hecho por nuestro director de Página 10, Mario Cepeda Bravo, quien señaló que sería ideal que el empalme “no revise únicamente cifras, informes y balances desde Bogotá”, sino que adelante un empalme territorial y ciudadano en los departamentos para verificar el cumplimiento de los compromisos del Gobierno Petro y recuperar la confianza en el Estado.
La propuesta cobra especial relevancia para Nariño, un departamento que respaldó ampliamente al gobierno saliente, pero donde persisten fuertes cuestionamientos por compromisos que, según sectores regionales, no se cumplieron o quedaron apenas en anuncios.
Uno de los casos más sensibles es el Pacto Territorial por la Vida y la Paz de Nariño, presentado como una apuesta histórica para el departamento. Sin embargo, desde la región se ha advertido que buena parte de los recursos anunciados corresponderían a vigencias futuras, lo que obliga a revisar cuánto quedó realmente ejecutado, cuánto fue contratado y cuánto dependerá del nuevo gobierno.
También aparece en el centro del debate la doble calzada Pasto–Catambuco, una obra considerada estratégica para la movilidad de la capital nariñense y la conexión con el sur del país. Pese a las expectativas generadas durante el Gobierno Petro, el proyecto no quedó plenamente financiado ni garantizado para su ejecución total.
Un empalme con mirada territorial
La propuesta plantea un cambio de enfoque. Tradicionalmente, los procesos de empalme presidencial se han concentrado en Bogotá, entre equipos técnicos, ministerios y entidades nacionales. Pero desde Nariño se insiste en que el país necesita un giro: verificar el cumplimiento desde las regiones, con las comunidades y autoridades que vivieron directamente los efectos de las decisiones del Gobierno saliente.
Esto permitiría establecer con mayor claridad qué compromisos se cumplieron, cuáles quedaron pendientes y cuáles fueron simplemente anunciados sin llegar a materializarse.
Recuperar la confianza en el Estado
El mensaje de fondo es que el próximo gobierno no puede empezar desde cero ni desconocer los compromisos adquiridos con las comunidades. Los acuerdos firmados por el Estado deben ser honrados, independientemente del presidente de turno.
Para Nariño, la confianza institucional se ha debilitado por años de promesas incumplidas, obras aplazadas y anuncios que no se traducen en resultados. Por eso, un empalme territorial podría convertirse en un primer gesto de respeto hacia las regiones.
La propuesta también representa una oportunidad para el presidente electo, quien ha insistido en su origen de provincia. Si el nuevo gobierno quiere enviar una señal distinta, podría comenzar escuchando a los departamentos y revisando directamente las deudas que quedaron pendientes.
Nariño pide ser escuchado
La propuesta hecha resume una preocupación regional: el empalme presidencial no debe ser solo una conversación entre élites políticas en la capital del país. Debe convertirse en un ejercicio de verificación, transparencia y participación territorial.
Nariño no pide privilegios. Pide que se revise con seriedad qué pasó con los compromisos adquiridos, qué quedó sin ejecutar y qué debe priorizarse en el nuevo gobierno.
Porque recuperar la confianza en el Estado no depende de nuevos discursos, sino de cumplir lo pactado con la gente. Y ese balance, para ser justo, no puede hacerse únicamente desde Bogotá: debe hacerse también desde los territorios.



