Tumaco es un lugar con magia, encanto y belleza. Un paraíso terrenal con habitantes hospitalarios y amables de corazón pacífico.
Tuve la oportunidad de vivir y sentir a Tumaco. Habité alrededor de 3 años en el puerto dejándome llevar por su gente, sus paisajes, su mar, sus mujeres, sus tradiciones y su música. Llegué a adentrarme en lo más profundo de sus creencias religiosas y a iniciarme en los orishas, dioses cubanos. En fin, me dejé atrapar por Shangó y la fuerza de esta región.
En este tiempo observé que en Tumaco pasa de todo y al mismo tiempo no pasa nada.
Pasa de todo: la cotidianidad transcurre entre la vida y la muerte, la felicidad y tristeza, “la rumba” y los funerales y la riqueza y la pobreza. Se trata de actividades con alta carga de energía y significado que sólo viviendo en la ciudad pueden entenderse.
La vida se siente única, llena de música, baile, cuerpo, amor, sexo. El extremo también tiene significado, la muerte se concreta en la búsqueda de la vida. Una muerte genera recursos suficientes para poder disfrutar la vida. Una actividad corta, sin esfuerzo y con ganancias económicas. El número de muertos es alarmante. Es más rentable asesinar que estudiar.
No pasa nada: en el último ataque por parte de la guerrilla al comando de atención inmediata (CAI) en la ciudadela, un barrio ubicado en la parte continental de Tumaco, todos los ciudadanos salieron a condenar este hecho. Todos reclamaban en el foro virtual y en las redes sociales el pronunciamiento del alcalde y del gobernador. Además se propuso realizar una marcha o un cacerolazo. Todo quedó olvidado en los múltiples problemas que afectan a la población.
Reconozco la existencia de numerosas acciones desde los gobiernos local, regional, nacional y cooperación internacional por combatir la violencia, sin embargo cada vez es más grave la situación.
La exigencia al gobierno nacional de una atención integral (militar, social y económica) se convirtió en un cliché. Desde lo regional y local se pide lo mismo. En lo regional de los cuatro gobiernos que se hacen llamar alternativos, sólo el último le ha prestado una atención especial a la costa. En lo local, los últimos 6 años de gobierno manifiestan la intención de cambiar la historia. La conclusión, nada cambia. Todo sigue igual o peor.
Qué hacer. La gente reclama: Tumaco también es Nariño y Tumaco también es Colombia. Es necesario dirigir nuestra atención hacia este puerto, históricamente “paZcifico”



