Siempre es bueno volver a la casa y más cuando son tiempos difíciles. Estuve en Tumaco en medio del ruido de las plantas eléctricas que pretendía mitigar los daños económicos y sociales que ocasionan la voladura de torres. Percibí una normalidad a medias. Existía tristeza e impotencia en la comunidad. No pude evitar ver los rostros de cansancio de los tumaqueños que cuestionan los innumerables ataques en contra de la población.
Sin embargo, al mismo tiempo, sentí el poder y la fuerza de su gente, de mis amigos, cuando no se doblegan ante la desesperación. Esa actitud para superar y adaptarse a los problemas graves y a la vez cotidianos, tan cercanos y evidentemente capaces de vulnerar la dignidad humana.
Tumaco soportó más de 10 días sin energía y ha resistido más de 10 años los efectos de la violencia. Una guerra ajena alimentada por el narcotráfico. Una guerra que sigue perjudicando a los más necesitados, a los más humildes. La presencia de las FARC y grupos narco-paramilitares están ahogando la tranquilidad y la paz de este pueblo mayoritariamente afrodescendiente.
Además, para Tumaco, la ausencia de energía eléctrica significa también sufrir la falta de suministro de agua, de alimentos, perjudica el comercio, y el derecho al trabajo. Significa desconfianza y el incremento de su situación de pobreza. Las pérdidas económicas que calculan el gremio de comerciantes asciende a 2 mil millones diarios, sin contar con los perjuicios morales y emocionales que afectan a todos los tumaqueños. Esto adicional a las múltiples extorsiones que sufren el 80% de los comerciantes.
Es imposible continuar en la penumbra de la violencia. Cada hecho violento debe ser condenado. Cada injusticia juzgada. Cada muerte rechazada. La violencia no puede concebirse como un hecho normal.
Muchos tumaqueños se cansaron de la impunidad y han decidido, con su propia fuerza, conducir a los violentos hasta las instancias judiciales. No se aceptan más liberaciones que les permita a los criminales y violentos volver a sus barrios. La paciencia se agota. Ya no se resiste tantos ataques por todos lados.
Exigimos a los violentos y especialmente a las FARC hechos de paz, no con el gobierno nacional, sino con el pueblo. Ese pueblo pacífico y lleno de vida, que solo quiere vivir en paz.
Queremos que todos puedan disfrutar de la magia de este puerto. Recuperar el espacio a los violentos para aprovechar el mar del siglo XXI. Ellos si han podido construir un escenario apto para sus negocios ilegales, por qué nosotros no.



